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La cultura Onsen

  • Foto del escritor: Dani Triguero
    Dani Triguero
  • 2 oct 2023
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 1 ene

 

El Ritual del Agua que Cura el Alma


En un país donde la tecnología más avanzada convive con tradiciones milenarias, existe una práctica que encarna perfectamente el espíritu japonés: el onsen. Más que simples baños termales, los onsen representan una filosofía de vida, un ritual de purificación que trasciende lo físico para tocar el espíritu. Para los japoneses, el objetivo es alcanzar el estado de yudedako —literalmente "pulpo hervido"—, ese punto de relajación absoluta donde el cuerpo y el alma se funden en perfecta armonía.



Un País Nacido del Fuego

Japón es un archipiélago volcánico con más de 27,000 fuentes termales naturales repartidas por todo el territorio. Esta extraordinaria riqueza geotérmica no es casualidad: el país se encuentra en el Anillo de Fuego del Pacífico, donde la actividad volcánica ha moldeado tanto el paisaje como la cultura. Las aguas que brotan del subsuelo, calentadas por las entrañas de la tierra y enriquecidas con minerales, se han convertido en uno de los tesoros más preciados de la nación.


Un onsen auténtico debe cumplir condiciones específicas de temperatura y contenido mineral. El agua surge naturalmente caliente gracias a la actividad geotérmica, cargada de elementos como azufre, sílice y otros minerales que otorgan propiedades terapéuticas reconocidas desde hace siglos.

Una Historia que se Remonta al Período Nara

La tradición del onsen se documenta desde el período Nara (710-784 d.C.), cuando según la leyenda, un monje budista descubrió la primera fuente termal al notar vapor emergiendo de las montañas. Desde entonces, estas aguas se convirtieron en lugares de peregrinación y sanación.

Durante el período Edo (1603-1868), los onsen se popularizaron enormemente. Con el desarrollo de las rutas de transporte y la construcción de los ryokan (posadas tradicionales), los baños termales dejaron de ser exclusivos de la élite para convertirse en destinos accesibles para el pueblo común. Fue en esta época cuando se estableció la etiqueta de baño que, sorprendentemente, se mantiene vigente hasta hoy.


Con la llegada de la era Meiji y la influencia occidental, muchas costumbres cambiaron —incluyendo la separación por sexos en los baños, que anteriormente solían ser mixtos—, pero la esencia del ritual permaneció intacta.


Más Allá del Baño: Una Experiencia Holística

Para los japoneses, el baño no es un mero asunto de higiene. Es un ritual destinado a purificar tanto el cuerpo como el espíritu, y también un momento fundamental para socializar. Como expresaba Sayuri en Memorias de una Geisha: "Ese es el arte de convertir el hábito en un placer".


Los onsen no están simplemente ubicados en cualquier lugar. Muchos se encuentran en entornos naturales espectaculares: rodeados de montañas, bosques de bambú, junto al mar o con vistas al icónico Monte Fuji. Los rotenburo (baños al aire libre) permiten sumergirse en las aguas calientes mientras se contempla la nieve cayendo en invierno o los colores del otoño pintando el paisaje.


Esta conexión con la naturaleza no es accidental. Es parte integral de la filosofía del onsen: el ser humano volviendo a su estado más natural, en armonía con los elementos.

Los Beneficios Terapéuticos

Durante siglos, los japoneses han conocido empíricamente lo que la ciencia moderna confirma: los onsen tienen genuinos beneficios para la salud. La práctica de toji (cura de agua caliente) consiste en sumergirse regularmente en aguas termales con fines curativos.

Los minerales presentes en el agua ofrecen diferentes propiedades: el azufre alivia afecciones de la piel como el eczema o la psoriasis, la sílice suaviza la piel seca y áspera, y la inmersión en agua caliente mejora la circulación sanguínea, reduce la tensión muscular y ayuda a aliviar dolores articulares. La flotación libre permite que los músculos se relajen sin presión sobre el cuerpo, conduciendo a un sueño más profundo y reparador.

La Etiqueta Sagrada del Onsen

Entrar en un onsen requiere respetar una serie de normas que, aunque puedan parecer intimidantes al principio, tienen sentido profundo:


Desnudez total: En la mayoría de los onsen se debe entrar completamente desnudo. Nada de bañadores ni ropa interior. Esta regla no es pudor invertido, sino una cuestión de higiene y tradición. La desnudez representa igualdad: sin ropa que marque estatus social, todos somos iguales ante el agua sagrada.



Lavarse antes de entrar: Antes de sumergirse en las aguas termales, es obligatorio ducharse y enjabonarse completamente en la zona de lavado. Los establecimientos proporcionan jabón, champú y un taburete (la costumbre es ducharse sentado). El agua del onsen es compartida y recirculada, por lo que entrar limpio es fundamental.


La toalla pequeña: Solo puedes llevar una toalla pequeña (no la grande) a la zona de baño. Puedes usarla para cubrirte mientras caminas, pero jamás debe sumergirse en el agua. La costumbre es colocarla sobre la cabeza o en el borde de la piscina.


Recoge tu pelo: Si tienes cabello largo, debes recogerlo para que no toque el agua.


Silencio y respeto: Los onsen son templos de silencio. Puedes conversar en voz baja, pero nunca hablar alto. No se permite bucear, chapotear ni nadar.


Después del baño: Muchos japoneses no se enjuagan inmediatamente después del baño para no eliminar los minerales beneficiosos de la piel. La tradición también dice que debes beber leche fría para rehidratarte —todos los onsen las venden.


El Dilema de los Tatuajes

Históricamente, los tatuajes han estado asociados con la yakuza (la mafia japonesa), lo que ha llevado a muchos onsen a prohibir la entrada a personas tatuadas. Sin embargo, con el aumento del turismo internacional, esta norma se está flexibilizando. Algunos establecimientos ahora permiten tatuajes pequeños o ofrecen stickers para cubrirlos. Lo mejor es consultar previamente.



Tipos de Onsen y Dónde Encontrarlos


Onsen públicos: Baños abiertos al público general con entrada diurna. Los precios oscilan entre 300 y 2,000 yenes. Son perfectos para probar la experiencia sin necesidad de alojarse.

Ryokan con onsen: Las posadas tradicionales que cuentan con sus propias fuentes termales. Algunos ofrecen baños privados que se reservan por turnos, o incluso habitaciones con onsen privado al aire libre.


Pueblos onsen: Destinos enteros construidos alrededor de concentraciones de fuentes termales. Los más famosos incluyen Kusatsu (conocido por su agua de alta acidez), Hakone (con vistas al Monte Fuji), Beppu (con sus espectaculares "infiernos" multicolores), Kinosaki (un encantador pueblo con siete baños públicos) y Ginzan Onsen (un pueblo histórico con ryokan que bordean un río).

Konyoku: Los raros baños mixtos, cada vez más infrecuentes, que conservan la antigua tradición de baño comunitario sin separación de sexos. Suelen encontrarse en zonas rurales y montañosas.

Onsen vs Sentō


Es importante distinguir entre onsen y sentō. Mientras los onsen utilizan aguas termales naturales con propiedades minerales, los sentō son baños públicos que calientan agua del grifo artificialmente. Los sentō son instituciones de barrio, especialmente comunes en Tokio y Osaka, donde durante décadas han sido parte de la vida cotidiana local. Aunque no tienen las propiedades terapéuticas de los onsen, ofrecen una experiencia auténticamente japonesa y son accesibles en zonas urbanas.


Una Filosofía de Vida

Lo que hace verdaderamente especial al onsen no es solo el agua caliente o los minerales curativos. Es la filosofía que representa: la importancia de hacer una pausa, de honrar el cuerpo, de encontrar paz en el silencio, de conectar con la naturaleza y con uno mismo.

En una sociedad conocida por su ritmo frenético de trabajo y su avanzada tecnología, el onsen es un recordatorio de que algunas de las mejores cosas de la vida son las más simples: agua caliente, un paisaje hermoso, y el tiempo para simplemente ser.


Como expresan los japoneses, el baño es el arte de convertir el hábito en placer. No es solo lavarse; es un ritual que nutre el cuerpo y alimenta el alma. Es una de esas experiencias que, como dicen, no se pueden describir con palabras: hay que vivirla.

Y cuando finalmente alcanzas ese estado de yudedako, entiendes por qué esta tradición ha perdurado más de mil años y por qué los japoneses consideran el onsen como uno de los grandes tesoros de su cultura.



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